La figura del docente creativo en educación superior que se describe en el texto refleja gran parte de los aprendizajes que hemos interiorizado a lo largo del diplomado. Comprendimos que la educación actual requiere mucho más que transmitir información: demanda facilitadores del conocimiento capaces de diseñar experiencias significativas que transformen a los estudiantes en protagonistas de su propio aprendizaje
Desde los fundamentos pedagógicos revisados, la pedagogía dialéctica y la Ley Avelino Siñani–Elizardo Pérez nos recordaron que el docente debe promover una educación crítica, inclusiva y descolonizadora, en la que la creatividad se convierte en una herramienta para vincular el saber con la realidad social y cultural. En este sentido, el pensamiento divergente y la flexibilidad no solo son rasgos personales, sino competencias que permiten articular estrategias activas, como el aprendizaje basado en problemas, proyectos colaborativos o el uso de simuladores y entornos virtuales.
Asimismo, el diplomado reforzó la importancia de la evaluación formativa como proceso de acompañamiento. La creatividad se manifiesta cuando el docente utiliza la retroalimentación para motivar, guiar y abrir espacios de autoevaluación, en lugar de limitarse a la calificación final. Esto coincide con la idea de una mentalidad de crecimiento, donde tanto estudiantes como docentes asumen que el aprendizaje es continuo y perfectible.
En resumen, un docente creativo en educación superior no solo domina herramientas digitales o metodologías innovadoras; también integra una visión humanista, crítica y transformadora, orientada a formar profesionales capaces de enfrentar los retos del siglo XXI con pensamiento crítico, sensibilidad social y compromiso ético.
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